Somos dos orillas
que el mundo decidió separar
dos nombres que no deben
pronunciarse en la misma boca.
Prohibidos
como el fuego en la lluvia
como la luz
donde han dictado sombra.
Nos miramos de lejos
con el temblor de quien sabe
que un paso más
sería romperlo todo.
Prohibidos
pero latiendo tercos
como si el corazón
no entendiera de leyes.
Y aun así
en lo más secreto del alma
nos elegimos
sin permiso
sin ruido
sin final.