Después de la tempestad,
el tímido sol se abre paso
acuchillando nubes de ceniza
que se desgarran con suavidad.
Mientras el viento arrastra
las hojas sin vida, cargado
de magnetismo y
del aroma a humedad.
La lluvia ha dejado su huella
formando un hondo,y
palpitante, lodazal.
Y en los charcos se reflejan
los cielos
bajo la nueva luz prístina
que remarca los contornos
con total claridad.
De una tierra que recobra,
tras natural borrachera,
la sobriedad.
Juego de luces se deslizan
por campos fertilizados
iluminando un mundo
que guarda rendido respeto
bajo un silencio de solemnidad.
Los pájaros, sorprendidos, no trinan
y con inquietud el entorno examinan
con absoluta gravedad.
La quietud tras la tormenta
es un evento que induce
a la introspección.
Empuja a dejar a un lado la vacuidad
y conmina a prestar atención
a lo oculto tras el trasfondo
de lo trivial.
A buscar el sentido
último de la vida
en toda su profundidad.