José Luis Barrientos León

Memorial de la Vigilia

 

No es un descanso. Es el descenso

a una patria sin mapas ni gobierno.

El sueño es esta tela que tejemos

con el hilo que el día nos rehúsa:

una sustancia vaga, biografía de agua

que se nos escapa entre los dedos.

 

Allí, bajo el párpado que cede,

soy el que no conozco.

Ostento un rostro ajeno, una máscara

hecha de todos mis miedos y mis otros nombres.

 

No soy el que saluda, ni el que escribe,

Soy el que fluye, inabarcable y solo,

en un desorden de espejos enfrentados.

Todo es flujo, impredecible naufragio.

 

Y sin embargo, en medio del desplome,

algo persiste con su peso ciego,

la conciencia es esta roca que lanzamos

al fondo de un mar que no devuelve ecos.

 

Una sonda de hierro, un testigo

que baja a las raíces del silencio

para decirnos, al volver, que somos

apenas este abismo que soñamos.