Desde el principio,
antes de cualquier nombre,
ellas ya estaban ahí:
presentes, firmes, necesarias.
Encendieron fuego,
criaron vidas,
curaron lo que otros no quisieron ver.
Entendieron el silencio
sin esperar explicaciones.
Cumplieron lo que el mundo exigió,
pero nunca se limitaron a eso.
Trabajaron con cansancio,
levantaron lo que había que levantar,
y aun así guardaron un lugar
para la ternura que no se frena.
Son guerreras
porque insisten,
porque vuelven a empezar,
porque siguen creando luz
aunque nadie las mire.
Son las que no aparecen en los libros,
las que sostienen la historia desde abajo,
las que cargan el peso
y también la esperanza.
A ellas,
a todas,
les pertenece este reconocimiento:
la victoria silenciosa
de existir
y seguir avanzando.