Israel Rocafuerte

Al maestro ecuatoriano

Hoy levanto mi voz con respeto profundo,

por aquel que en silencio transforma el mundo,

no importa la materia, ni el aula, ni el lugar,

ser docente es sembrar donde otros ven pasar.

 

Maestro ecuatoriano, de tiza y de esperanza,

forjador de futuros con fe y templanza,

en tus manos se escribe la historia del mañana,

en cada mente inquieta, en cada alma temprana.

 

Eres guía en caminos que a veces no se ven,

arquitecto de sueños que apenas empiezan a nacer,

moldeas al joven que mañana será

un hombre o mujer de bien para la sociedad.

 

Tu labor es difícil, lo sabemos bien,

pero no es imposible cuando se hace con fe,

aunque el mundo critique, aunque no sepa valorar,

eres tú quien enseña a vivir y a luchar.

 

Eres la profesión que profesiones crea,

la raíz invisible de toda gran idea,

aunque muchos te olviden, aunque falte honor,

en tus manos descansa el verdadero valor.

 

Hoy en tu día, maestro, recibe este canto,

hecho de orgullo, de lucha y de llanto,

porque aunque no siempre te sepan reconocer,

sin ti ningún sueño podría florecer.

 

Sigue firme, valiente, con tu noble misión,

educar no es trabajo, es vocación,

y aunque el mundo no siempre lo quiera entender,

gracias a ti, alguien aprende a ser.