Como serpiente que muda su piel,
afrontar lo que venga
con la cabeza en alto
y la dignidad intacta.
Como el elefante que guarda a los suyos,
o la hormiga que avanza
en su laberinto sin fin,
así la vida:
resistencia que no calla,
sino que insiste,
paso a paso,
sin mirar atrás.
Si el rumbo se quiebra
o no responde a lo esperado,
recuerda: nada de lo que ocurre es del todo en vano.
Porque incluso en la noche más oscura,
entre la serpiente, el elefante y la hormiga...
de las espinas también nacen rosas,
o están por llegar.