Byron Moreno

ESMERALDA II

A sabiendas de qué 

Eras actualmente 

La Dueña de mi presente,

tú, que ferviente juraste

ser la última encargada

De este soreco corazón 

Has partido.

 

Yo que pensé que con usted

Debía guardarlo todo

Alejarme de lo que el mundo

Tenía para ofrecer

Dejarme en claro

Que a partir de ayer

Cada marzo

Sería suyo

Y mío.

 

Pero no fue así 

Has partido.

 

Tres minutos.

 

Tenía tres minutos para decírtelo todo.

Para postrarme ante ti

y explicarte por qué no debías irte.

Tres minutos para entregarte

el amor de cincuenta años

en un suspiro de reloj.

 

Te fuiste a las 16:12.

Y a las 16:15 ya buscaba seguir tu senda,

para gritarte

Para rogarte y suplicar como siempre;

«Vuelve, volvamos, empecemos de nuevo».

 

Pero tienes razón.

Siempre la tienes:

«No hay momento perfecto para terminar».

 

Ahora solo espero que el tiempo

y tu desprecio, sean amables conmigo.

 

Que tu memoria guarde mis pasos

y jamás pienses que lo que te escribí

resultó calcado, hueco o vacío.

 

Ahora entiendo a las palmeras

que observo al volver a casa:

echaron raíces en tierra seca,

sin más destino que ese.

No importaba nada más;

era el final.

 

Marchitarse y morir.

 

No vengas a buscarme, Esmeralda.

Me verás como nunca quisiste verme:

triste, despojado.

 

Andando con el tocadiscos de siempre,

hundiéndome en la misma miseria

por la misma alegría

de saber amar sin medida.

 

De saber amarte

como se ama de verdad:

una sola vez

y para toda la vida.