Se adueñó de la noche
e
hizo
señas hacia la rareza,
invocó el olvido
y conoció
el
universo.
Pero somos
niebla,
rescoldo
de
las sombras:
martillo
de
brujas;
señuelo
de la nada.
Sabemos
que
la tortura
es
una memoria
imperfecta,
aún
así
nos
escondemos
de
la
elevación,
y
por
esos
días
donde
la verdad
guarda su grandeza
y nos vuelve
criaturas frágiles:
seres
que se
derrumba
al
mínimo
soplo...
yo
caeré
en
la brumosa
sábana
de la herida
y la
ensoñación.