A veces me da por estar ahí
No busques bajo la almohada,
ni en el cajón donde guardas las cartas.
No mires detrás de la puerta,
ni en el último mensaje que no respondiste.
Si un día no me encuentras,
será que ando perdido entre las horas,
vagando por las esquinas de tu infancia,
sentado en el pupitre donde aprendiste
que el mundo cabe en una tiza.
A veces me da por estar ahí,
en el eco de aquella tarde de lluvia,
cuando el paraguas no nos cubría a los dos
y reías mojada, como si la lluvia fuera un premio.
Búscame en el olor de la madera vieja,
en el crujido del piso que delataba tus pasos
cuando querías sorprenderme.
Estaré en la grieta del espejo
que guarda tu reflejo de los doce años,
cuando aún no sabías que los espejos también envejecen.
Si no me encuentras en la calle donde giramos juntos
esa vez que el sol nos dio permiso para llegar tarde,
entonces cierra los ojos.
Ahí estaré,
detrás del parpadeo,
en ese microsegundo donde el mundo no pesa.
A veces me da por estar en las fotos que no te tomaste,
en los viajes que pospusiste para cuando hubiera tiempo,
y el tiempo se hizo humo,
y el humo se hizo niebla,
y la niebla me encontró a mí,
quieto, esperando,
como un tren que nunca parte.
Búscame en el sabor del pan recién hecho,
en el primer sorbo de café cuando aún quema,
en la canción que tarareas sin darte cuenta
y que no sabes por qué te duele.
Ese soy yo, ese soy yo,
ese ruido dulce que se cuela entre costillas.
No me busques en las agujas del reloj,
porque yo rompí los números
para que el tiempo no nos separara más.
Estoy en el borde de tu sombra los días de sol,
en ese lugar donde la luz no se atreve
porque hay algo más quieto que la luz.
Si un día no me encuentras,
no llames a mi nombre en voz alta.
Yo estaré en el silencio que sigue a tu voz,
en la pausa que haces antes de decir algo importante,
en el suspiro que no supiste que soltaste.
Si un día no me encuentras, búscame en tus recuerdos: a veces me da por estar ahí.
En el doblez de tu ropa,
en el surco de tu libro favorito,
en la última línea de ese poema
que leíste una noche y nunca olvidaste
porque decía algo sobre nosotros
mucho antes de que supiéramos que éramos nosotros.
Y cuando cierres los ojos por última vez,
cuando el mundo se vuelva una mancha borrosa,
ahí estaré también,
esperándote como quien espera la lluvia después de un incendio,
con las manos abiertas
y un recuerdo más viejo que la memoria.
Búscame, si un día no me encuentras.
Pero no te apures.
A veces me da por estar ahí,
en tus recuerdos,
como una casa que nunca se desocupa,
como una luz que no sabe apagarse,
como el amor que un día decidió
no irse nunca,
solo cambiarse de pieza.
—Luis Barreda/LAB
Bellflower, California, EUA
Mayo, 2023.