Un revuelo en el santo cielo,
un revuelo en el áspero suelo,
un revuelo entre fragantes camelos,
un revuelo ante el amargo recelo.
Mariposas en el estómago
que inundan, serviles al flagelo,
aquellas que vuelan al fuego
hallando su pecado concebido.
Tropiezan en el letargo racil,
agonizan ante el pleno horizonte.
Así, pues, será el amor:
consumido por el duelo.
Mariposas en el estómago
que se atascan en un vórtice;
al molino del viento caen,
pensando si amar... fuera solo un revuelo.
Ford George