J.P. Vázquez

Un poema lacra

Aquí comienza un juego en el lenguaje y escritura:

Se escribe una obra que pretende ser lacra,
donde el poeta fomenta humildad radical
pero con aires de pretender intelecto superior
al manipularte a creer que su poema es ingenioso.
¿Mofa de la poesía?
Nada original.
Ego construido por otro ego,
líneas pretenciosas de mierda.

Esto dice así:

El poema es lacra porque sale de lo empírico,
ni creas que por leer mucha poesía,
basta con leer autores relativamente complejos,
para presumir que los leí
y no quedar como ignorante o pendejo.
¿Ves?, rima invoulntaria.
Y ni se te ocurra hablarme
sobre economía del lenguaje,
porque manejo mal mi dinero
y no me preguntes cuánto tiene un poeta
en el bolsillo.
¿A caso esto es peor que mi ritmo?
¿A caso el poema, para mejorar, necesita más paralojismos?

El poema es lacra porque no usa palabras rimbombantes;
no le digan que eso era de otros tiempos,
que ahora la crudeza,
el lenguaje desaliñado
y las jergas son lo que un poeta usa hoy.
No le digan que su lenguaje carece de elegancia
y de lenguaje figurado,
porque se creerá el bastión de la literatura,
porque padecería de bohemía,
padecería de romanticismo,
o peor: de trova.
Y no le digan que sí está usando eso que dije que le falta.
Por favor.

El ritmo de estos versos son un asco.
Puedo empezar con líneas largas,
o líneas medianas,
o cortas,
o aún
más
...
El poeta no escribió «cortas»,
creyó romper con la estética
aún cuando este poema es lacra.

El poeta grita que lo miremos,
que vean cómo juega con el poema;
busca originalidad,
pero encontró rastros de soberbia,
encontró toques de egoscentrismo
y una pizca de algo que no sé que sea.

Me senté a estudiar su poesía, escribo esto en prosa porque este caso no requiere impacto del verso. Miré la estructura (o la no-estructura), y entré en razón, facilísimo reconocer los sinónimos abstractos y ontológicos: este poema es lo mismo que cagar, pero al mismo tiempo lo mismo que saborear.

Este poema es lacra,
quiere dejar pensando al lector;
dice, analizando al leer,
«¿qué mensaje oculto hay?,
¿a caso esta obra
es más compleja de lo que parece?,
¿a caso pienso
que esta obra necesita descifrarse?»

Vuelvo a la prosa. En la lectura me enteré que este poema no es objeto de desciframiento, no esconde nada; es un juego sin reglas pero teniéndolas a la vez. Carece de una buena estructra, reitero la lacredad.

El lector no sabe,
o tal vez sí,
al leer esto,
la conexión entre ambos personajes.
Pero es gracioso,
el poema es un asco
y recuerda el rumbo perdido.
El poema es lacra
porque quiso hacer un juego literario,
pero el hilo no es claro,
¿Quién analiza,
en realidad,
el poema lacra?,
¿el que escribe o el que lee?,
¿es el de prosa?

Para ir «terminando»:
¿Todo poema sigue una corriente?
El poema busca realismos,
necesita verse mamador
y no hay nada más mamador
que decir que un poema que leíste
es de una corriente literaria;
¿Realismo sucio?
¿Realismo mágico?
¿Realismo fantástico?
¿Surrealismo?
¿Infrarrealismo?
¿Realismo del carajo?
¿Realismo visceral?
¿Realista en sí?
¿Realmente esto es poema?
¿Anti-poema real?
¿O nada?

Serpentino en el insondable constante del advenimiento, del eterno retornar; ventanas concienzudas que leen el espejo hecho texto.

¿Ves?, otra razón para decir
que este poema es lacra:
fila de metáforas a lo pendejo,
rompiendo de nuevo el ritmo,
haciendo creer que ya se acercaba el final.
¿La poesía es descrifrar o es interpretación?,
¿es ambos o nada de eso?

Al terminar de leer entendí que esto corrompería el ego de los mamadores, que la poesía (o la institución de esta) necesitaba ese nicho para no perder el prestigio mamador. Tomé el manuscrito y lo lancé al fuego. Ojalá las cenizas no vuelen a las manos de algún desafortunado que lea esta lacra de poema.

¿A caso estás leyendo cenizas?