Hoy quisiera
tomarte de la mano,
y caminar desde aquella esquina
donde el recuerdo
se nos fugó por la alcantarilla.
Hace ya tiempo de esa tarde,
y aún me parece mentira
lo que tu abandono
le ha hecho a estas calles.
La nostalgia
es una maleza que prospera
demasiado bien en estas condiciones.
Le ha dado por crecer
en el olvido de las macetas,
por enredarse en la soledad de los patios
donde asoman las veraneras,
y por esconderse entre fisuras
de paredes cansadas
de vivir tantos años.
Pero hay aquí también
un poquito de ella en todo esto:
en la esperanza de todos los días,
o en esta misma mesa
donde ya son otros
los que cruzan y comparten sus sonrisas,
y yo, que desde aquí los miro,
suspiro
y me pregunto:
si algún día
volverá la tuya.