Esto es real.
En el momento de cruzar el umbral,
cuando las sombras nos acogen,
cuando el silencio martillea la hora,
cuando nuestros besos naufragan
en la piel desnuda de la madrugada.
Es real al mirar tu cara ensombrecida
por la luz que cae desde la luna,
que nos unge con néctar remanente del tiempo,
que calma esta sed dolorosa,
que vuelve los mares lagunas.
Es real como tu toque implacable,
tan sólido, aunque no lo comparta con nadie.
Es verdad, es destino y es testigo
el cuerpo que tiembla ante la contemplación
de los pactos no dichos
que descansan entre las letras,
que nos tienen en vilo.
Dos palabras y cinco letras
ya me mataron de un tiro.