Miguel Aiuqrux

MENOS DE CUATRO SEGUNDOS

Qué difícil es ser algo en un mundo de cuatro segundos,
donde todo exige prisa pero nada permanece,
donde pensar estorba y sentir interrumpe,
y existir, sin espectáculo, parece irrelevante.

Qué difícil es ser uno mismo en un mundo de cuatro segundos,
cuando la identidad se reduce a destellos,
a gestos recortados, a versiones editadas,
a lo que cabe en un instante que se olvida al siguiente.

Qué difícil es ser profundo en un mundo de cuatro segundos,
donde la superficie es suficiente
y lo complejo se descarta por lento,
como si la verdad debiera apresurarse para existir.

Qué difícil es ser constante en un mundo de cuatro segundos,
sostener el hilo cuando todo empuja a soltarlo,
construir cuando todo celebra lo inmediato,
permanecer cuando todo está hecho para pasar.

Qué difícil es ser humano en un mundo de cuatro segundos,
sin ceder del todo, sin fragmentarse,
sin convertirse en ruido entre más ruido,
sin olvidar que ser, de verdad, toma tiempo.

Y sin embargo,
si no puedes sostener más de cuatro segundos de ti mismo,
no es el mundo el que es breve—
eres tú el que no está.