Conocimiento y mujer,
animal de carga, síntesis
aérea, crin al viento.
Intuición en la espuma,
potencia en las ancas,
voluntad inquebrantable,
pero incapacidad suma,
cerebro más pequeño,
menos enervado, conectado,
menos dotado para el estudio.
Conocimiento, ciencia,
destreza en las formas,
libertad en las palabras,
árnica, descanso del guerrero.
Su galope, poderoso adelante,
aspira a la luna, salta vallas
imaginarias, surca estelas,
hambruna que les lleva
a hipotecar hasta el alma,
huyen del intransigente,
del estatu quo imperante,
defienden un hilo de vida
todavía, una esperanza.
Perseguidas por el cerrado
de cascos, quien se encastilla
en sus privilegios, aficionado
a justificar lo que la religión,
carcomida por la carcoma,
misógina, segadora de cabezas
pensantes, asienta impasible
sobre las cabezas del vulgo:
su incapacidad congénita —ciencia
aparte—, que algún científico adhoc
sostiene abrochando prejuicios,
tan viejos como catecismos.
Conocimiento y galope —Möbius,
angelito, ¡qué cosas decía!—.