José Luis Barrientos León

El mar del dormir

 

¿Qué es esto que nos sube por las sienes,

como un aceite mudo y sin orilla?

Es el sueño, que viene por los bienes

de la sangre que el día ya no humilla.

 

Somos otros allá, bajo la frente,

un pastor de neblinas, un ausente.

Ostentamos un rostro que no es nuestro,

un semblante de barro y de maestro,

donde el rasgo se muda y se deslee

mientras el alma, a oscuras, se lo cree.

 

¡Oh, biografía de agua y de vertiente!

Se nos vuelve la vida tan fluida,

inabarcable, ruda y de repente

es una red al viento sacudida.

 

No hay nombre que nos ate ni nos nombre,

ni el rastro del pecado ni del hombre.

Y sin embargo, en esta mar interna,

donde el tiempo se rompe en la cisterna,

va la conciencia, roca de diamante,

arrojada al abismo, palpitante.

 

Va como sonda en noche sumergida,

midiendo la anchura de la herida,

buscando el fondo que nos fue negado,

piedra pura en el sueño desatado.