En la quietud donde suspiran los secretos, tu esencia florece como un eco ancestral, y el destino, escrito en hilos invisibles; nos envuelve en su danza silenciosa.
Como planetas rendidos a una misma órbita, nuestros latidos se alinean en lo infinito, y el universo conspira para que nos encontremos...
Estaremos de la misma forma que está, la Luna y la Tierra, uno al lado del otro y aunque el cosmos nos arroje cientos de asteroides; siempre encontraremos la manera de superarlos.
Nuestras órbitas, como sueño, jamás se desvían, a pesar de que el vacío recurra a separarnos sin parar, somos gravedad que desafía lo imposible, un lazo invisible más fuerte que el azar.
Y si el tiempo a nuestro alrededor colapsa, entre estrellas moribundas, renaceremos en la luz de otro amanecer, porque lo nuestro no conoce de finales, ni de distancias que puedan vencer, somos dos almas escritas en el decreto celestial; destinadas a encontrarse una y otra vez...