Un frío manto de contrariedades
interfiere el resplandor que sutilmente
nos depara el razonable sol.
Sumidos en vacuos planteamientos
esgrimidos por años.
Lo razonable es apegarse a la nada.
Somos un pie sin uñas
que ha golpeado la misma piedra
año tras año.
No existe una escala precisa
que nos defina políticamente
entre derecha e izquierda.
El poder prevalece,
devora cualquier atisbo de acuerdo
conseguido después de siglos
de controversias y desatinos.
Vivimos guerras
declaradas por ideas
que ya nadie defiende
por convicción.
Nos arropa una época
con la mayor acumulación de discursos
y la menor densidad de significado.
Se movilizan ejércitos por fronteras
señaladas con líneas “quita y pon”,
en mapas desgastados por la codicia.
Las religiones,
refugio del sin sentido,
han devenido en etiquetas
de guerras del mercado espiritual.
El espectro político
lleva camino de contraerse
hasta la irrelevancia.
Es una promesa
que se disuelve
antes de ser pronunciada.
13-04-2026
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