Amor mío, paso los días sin ti,
sacando antiguas heridas
y poniéndolas a secar
entre versos de otros tiempos…
No por no quererte nombrar,
sino por respeto a tu silencio.
Vivo en una melancolía que no pesa,
sino que acompaña,
como si el vacío de tu ausencia
fuera a la vez la mejor prueba
de que realmente existes.
Porque desde que te fuiste,
me muevo en un mundo
que no te tiene,
habitando un tiempo
que parece de otros,
porque el mío
se detuvo en un instante..
que aún no ha sucedido.
Y cuando cierro los ojos…
te invento,
te doy una voz
que calma mis tormentas
y un paso que camina
al ritmo lento de mi pecho.
Es un juego cruel, lo sé,
querer abrazar tu sombra,
besar tu boca reflejada en el aire,
recorrer la realidad intangible
de cada rincón de tu cuerpo…
y levantarme cada mañana
con el dulce recuerdo de tu miel,
…aún en mi boca.
Pero prefiero esta ilusión
que busco por tu falta,
y cuidar así la herida abierta
donde aún siento que habitas,
a conformarme con presencias
que intentaran diluir
el amargo de tu ausencia.