(Introducción al símbolo del silencio)
Hay silencios en la boca.
Mudez que cavila y oprime la lengua;
voz extraviada hurgando entre palabras de olvido,
el grafema vertido sobre un blanco custodio.
Un mozuelo recita versos darianos que le recuerdan:
lejano, juvenil y soberbio;
ahora, desnudo de palabras
que lo silencian.
Abstemio de versos,
escuálido,
temeroso de insectos,
rendido.
Hombre santo y sacro,
que olvidó el rigor del trazo,
entregado al difuso temblor de la mano rugosa.
Agrietado de palabras,
exaltado de faltas,
dibuja en la arena un símbolo
irreflexivo
que no se nombra.
La gente pasa.
Él desaparece
en la distancia de los pasos.
Ricardo Castillo
De: Cuadernos perdidos