Con espacio para la vulnerabilidad
y el descanso necesario.
Agradecer cada aliento,
cada instante vivido
con profundidad y claridad.
Que el amor sea eje
y motor de la existencia,
como el amor de una madre.
Como boxeador en el cuadrilátero,
levantarse
todas las veces
que haga falta:
Resistir y enfrentar lo que llega.
Ante el miedo, la duda o la sombra,
como ave que por primera vez echa a volar:
claridad, lealtad,
confianza
y empatía.
Como topo construyendo su guarida,
con profundidad y claridad,
sin cerrarse al mundo
ni esperar nada de nadie,
crear un propio sendero
de tierra fértil,
genuino en cada paso.
Ante el dolor y el sufrimiento,
lo tóxico y lo superficial,
como gladiador en la arena:
mantener el centro,
con firmeza y coraje.