Mi estimado caballero, déjame decirte estas sinceras palabras...
Con la modestia que me caracteriza.
No solo soy tu princesa, soy tu mujer.
Esa mujer que expresa lo que siente, que no se guarda nada.
Aquella vez que hablamos, te dije que me encantaba la forma en que tocabas ciertos temas, esos que pocos hombres se atreven a hablar.
Dijiste que si era un capricho mío.
¿Capricho mío, que me gustes tanto?
No solo me gustas...
¡Te amo !