Aquí,
en este rincón donde todo sucede
y nada permanece,
aprendimos a tocarnos sin promesas
y a mirarnos como si el mañana
no existiera.
Dijimos que era fácil,
que no dolería,
que el corazón no entraba
en este juego de cuerpos que se buscan
y almas que se esconden.
Pero algo cambió…
Tal vez fue tu forma de quedarte en silencio
cuando me iba,
o esa manera tuya de abrazar más fuerte
como si quisieras detener el tiempo
entre tus brazos.
Yo también lo sentí…
no creas que no.
Me duele irme
aunque finja que no importa,
me pesa dejarte
cuando la noche aún respira tu nombre.
Pero hay caminos
que no se cruzan a la luz del día,
historias que nacen sabiendo
que no verán el amanecer juntas.
Somos eso…
un secreto que arde en la sombra,
una caricia que no puede volverse hogar,
un “casi” que se repite
hasta desgastar el alma.
No me pidas más…
porque si me quedo
dejaría de ser lo que soy,
y si te elijo
rompería todo lo que me sostiene.
Así que mírame así,
como algo fugaz,
como una historia bonita
que nunca debió escribirse completa.
Y aunque duela,
aunque el pecho se nos quiebre en silencio…
aprendamos a soltarnos
en el mismo lugar
donde nunca fuimos de verdad.