Luis Erick de Jesús Ávila

La oración del poeta.

Desde la tierra del Sol Naciente,

a las Naciones del Occidente...

Hay voces marginadas

que, a menudo, son olvidadas.

 

No todo es arte, es cierto.

Pero lo de abajo es más verdadero

que, los que están en la cima:

y se suben a una tarima.

 

Este no es un poema; no es un verso.

Es el manifiesto del universo:

el grito silencioso de la poesía;

de la noche y el día.

 

Estrofas por estrofas.

Muchas bellas cosas.

Rimas que se aproximan

y se clavan encima.

 

No tengo editoriales, es realidad.

Pero tengo más que eso: verdad.

Una palabra que mueve el mundo

y lo cambia, en un segundo.

 

Sigo mi plegaria,

como cuando las putas

se meten en mi cama:

a que les dé con ganas.

 

Me fumo cigarros, tomo alcohol.

Me curo de esta tragedia

llamada vida, sin mostrar dolor.

Jamás me olviden aunque muera.

 

Esta no es una letanía 

No es una alabanza:

es la propia balanza,

para los que sentimos poesía.

 

Al ver que se duermen las ciudades...

Yo entro a robarles

lo que nos han quitado...

Que es el arte sagrado.

 

Mis rimas no podrán pegar.

Pero están infectados,

de la maldita realidad,

que muchos han censurado.

 

Agarro la estructura tradicional

la moldeo y la hago mía,

así es la poesía.

No debe ser trivial.

 

Me importa poco lo que hablen,

que me critiquen.

A voces como la mía

nadie, pero nadie los calle.

 

Mi obra no llegará a antologías,

pero sí llegará a los verdaderos:

a los que somos sinceros.

Que sangran y viven entre poesías.

 

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Marco Díaz.

Villahermosa, Tabasco; México.

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