Ocaso de bajamar
Yo acababa de dejar,
a quien fue mi amor.
Mi puerto, abandonado está
después de la tempestad.
Había ido de ronda.
Reí, olvidé.
Me sentí libre por un momento.
Mis emociones en neutro.
\"No hay cabida para otro hombre\" - pensé.
Resaca (ambiguo)
A las semanas apareció él.
\"El señor\" - así lo llamé.
Una mezcla entre joven y señor.
Antiguo en ciertas actitudes.
Muy jovial en otras.
Quien viste muy diferente.
Recuerdo verlo pasar.
Sus ojos son de miel estática.
Su mirada es muy profunda,
Su presencia es isla sin explorar.
Modales de nobiliario.
Ajuar de pirata que corteja.
Leguas inciertas
La primera vez que lo vi.
¡Momento extraño!
Él estaba fumando un cigarrillo.
Levantó la mirada y,
me vio directo a los ojos.
Sentí nervios escurridizos.
No supe cómo reaccionar.
Cómo pez fuera del agua.
Esa mirada me intimidó.
Su masculinidad expuso mi ansiedad.
Me desestabilizó.
Apenas y sonrió luego de verme.
De arriba a abajo fue su escrutinio.
Tuve intención de taparme pero
me gustó que me viera.
Tiene un \"algo\" que me intriga.
Su voz de saloma
En una ocasión escuché su voz.
Quería pasar; yo atravesada y
él urgido, me dijo:
\"Señorita, disculpe incomodarla\".
Se inclinó hacia mí con cautela,
como quien desea ser escuchado
en secreto (o como quien desea acariciar la piel con la voz)
Levanté mi mirada.
Accedí, él pasó.
Puso su mano en mi hombro y me dijo:
\"¡muchas gracias, qué amable!\"
¡Qué voz!
Con pena digo sentí un hormigueo.
Su voz, sus manos, sus ojos tan cerca.
Ese timbre varonil retumbó mi \"remolino\".
Despertando antes de ahogarme
Recuerdo decirme frente al espejo:
\"no hay cabida para otro hombre.
¡Calmate!\".
Primero miraba mi reflejo,
después estaba viendo hacia abajo.
Lo pensaba y me perdía.
Sólo me quedó sonreír y
mirar la lluvia en el mar.
En el camino era el único momento
donde lo veía y donde él me escrutaba.
¡La sensación era extraña!
Me sentía descubierta.
Culpable mas no sabía de qué exactamente.
Sólo que al dejar de navegar,
lo buscaba con mis ojos.
Como diciéndole \"adiós\" sin palabras.
Chapoteos ingenuos
En una ocasión lo vi en otro hombre,
quien se acercó a ser atendido y
los nervios me ganaron.
Derramé un vaso, tropecé.
Fue terrible.
Esa seriedad me hace perder el rumbo.
Tanto que me incomoda.
Me da pena abrir la boca, soltar algo tonto.
Que se ría de mí.
Acariciando mi mangata
Un día me sorprendió.
Nos encontramos en el trabajo.
Ya me había saludado con cortesía
pero en esta ocasión tragué en seco.
Estábamos solos en la sala.
La tienda estaba por abrir.
Entró y obsequió sus ojos en mí.
Sonrió, extendió su mano y me saludó.
Usó una palabra extraña pero me ericé
cuando me dijo: \"¡qué piel tan suave!\"
Yo dueña de mis nervios,
sonreí pero él continuó.
Me recitó unas palabras
que hicieron sudar mis palmas:
\"Una caricia tuya debe de
ser bandolera al Eros.\"
Eso fue solemne para mí.
Enfrentando el oleaje
Seguimos trabajando y dijo:
\"qué canción más atractiva\".
Lo miré confusa y
él escuchaba una canción.
Se acercó a mí diciéndome:
\"escuche Macha qué palabras\".
Y sí, la letra era muy buena.
No sé si por tenerlo cerca;
o por la letra en sí.
Recuerdo que la letra decía algo
sobre cuerpos esclavizados y adorados.
Lo miré un poco seria y pregunté:
\"¿usted suele ponerle esas canciones
a las mujeres que no conoce?\"
Respondió: \"yo suelo no hablar con nadie
que no conozco.
Permítame mantener distancia si fui
atrevido. No fue mi intención.\"
Esa forma de hablar me desestabiliza.
Se escapó una sonrisa de mis labios
mas dije: \"mejor guardar la distancia.
Gracias\".
Siguió en lo suyo. Terminé de atenderlo.
Agradeció y se fue.
No sin antes voltear, mirarme a los ojos
y decirme sin siquiera parpadear:
\"fue muy lindo ser atendido por vos.\"
Otra vez sonreí.
¡Soy una tonta!
Rescoldo en la llovizna
Mi marea creció en ese momento.
Sentí un fuego en mi vientre.
Mi corazón se aceleraba
al recordar sus palabras.
Me pareció atrevido mas mi sonrisa
confesó más que las palabras.
No sabía que me atraían esas palabras.
Nunca las había escuchado.
Seguía en negación hacia los hombres.
Sólo los evitaba para sanar.
Aprendiendo a nadar
Con el tiempo conversábamos a medias.
Saludos corteses. Sonrisas de pasillo.
Me sorprendió que escribiera poesía.
Ideé ir por unas copas para conocer sus letras.
Reímos, bebimos.
Entre vino y tabaco,
nos acercamos.
Acariciaba noblemente mis manos.
Yo temía que sintiera el sudor.
Él dijo: \"si me permite, quiero brindar
por tu belleza. Por la suavidad de tu piel.
Y por el secreto de tus ojos.\"
Sonreí. Sus palabras son mi faro.
Atrevimiento salado
Luego de brindar lo desafié.
Quería saber si esa inspiración
es repentina o construida con tiempo.
Esbozó una sonrisa.
Puso su mano sobre la mía y dijo:
\"¡acepto el reto! Ojalá te guste\".
Bajó la mirada, bebió un trago de vino.
Me miró a los ojos, sonrió y recitó:
\"que mis poesía haga
justicia a tu desafío.
Porque mías son las palabras
como la piel a tu silueta.
Que tus labios besen tan dulce,
como miel al panal.
Y que el vino intente
saciarme de ti\".
¡Hipnotizada! - así quedé.
Sudor en altamar
La luna nos mostró su otra cara.
Estaba apenada de \"aquello\".
Fuimos tsunami y tormenta.
Fuerzas imparables una encima de la otra.
No quiero entrar en detalles.
Me da pena y me da calor.
Sólo diré: \"ni el mar me ha hecho
sentir tan húmeda\".
Recuerdo perderme en éxtasis.
Su voz en mi oído.
Sus manos por mi cuerpo.
Sus dedos trazando mi silueta y
él mordisqueando mientras preguntaba:
\"¿te gusta?\".
Me sentí sumergida. No tenía palabras.
Apenas y tomaba aire,
cómo un alma intentando pedir
ayuda bajo el agua.
¡Qué recuerdo! ¡Qué exquisitez!
Acampando en el litoral
Abro mis ojos y lo veo,
sentado a mi lado.
Bebiendo.
Se acerca, cubre mi cuerpo con
la sábana de satín.
Huele mi cuerpo,
perfumado con aquello
que nuestras sombras dibujaron.
Me besa suave y con paciencia.
\"Descansá\" - me dijo.
Yo satisfecha y él sólo observando.
Disfrutando la pesca
Nos perdíamos en altamar.
Naufragábamos juntos.
Yo sumergida y él bebiendo de mí.
Se volvió una rutina vernos
de cuando en cuando.
Nos movíamos como cardumen,
juntos en la inmensidad.
Rondando el estero
Pasaron los días.
No supe de él.
No pensaba que había
sido utilizada sino cómplice.
Recordaba cada momento.
Cada gesto, gemido, palabra.
Todo lo que su rostro me obsequiaba.
Me sentí como un lienzo;
líneas dibujadas pero con su silencio.
Surcando la inmensidad
Me sentía ardiendo.
Yo era fuego de gasolina en el mar.
Nada me apagaba cuando
él venía a mi mente.
Mas ese fuego también significaba
el rescoldo de su autonomía.
Vino derramado en la mar
Mientras yo gozaba de mi pasión,
la que él encendió con su poesía;
así mismo se volvió ascua.
Él se retiró derrotado porque
su pasión trascendió.
Se acercó con poesía y así mismo se fue.
Recitó con cabeza cabisbaja:
\"El deseo nos hizo danzar y
la pasión comenzó a avanzar.
Mas el vino no apaga tu fuego.
¡Lo aviva!
Heme aquí brindando en tu nombre.
Tu fuego sopesó a un simple hombre.
No puedo con tu fulgor.
Va más allá de lo que entiende mi amor\"
Y así fue como aprendí
que el vino no se mezcla
con agua salada.
Nadar en ebriedad
no es sensato.
Que la tormenta en altamar
afecta dependiendo
de donde la veás.
Y que un tsunami
no se puede contener
en una botella de cristal.