Trivial árbol de ramos desdichados,
que en castas quinas la traición coloras,
y en sangre fiel, que fidedigna lloras,
tiñes tus timbres, de oro mal hallados;
lo sublime y banal, pasos trocados,
en tu altivez corroes y deshonras,
pues dando al vicio crédito con honras,
quedan los altos timbres humillados.
Ni distinguir el laberinto puedes,
que, en tu sorda memoria, disonante,
tu propia voz que por tu sentencia oyes;
siembras discordia cuanto más te excedes,
y en libertad, de sombras arrogante,
vana prolija, en vano te diluyes.