Qué pobre basura, sola, descansa
putrefacta junto al excremento,
bajo el farol, compendio
de miserias y vanidades...
Transcurre el tiempo;
la basura, más podrida,
y olorosa, que da pena.
Sus restos fueron desechos
de lujos por dinero, mientras
los sedientos de justicia recogen
a sus cuerpos hambrientos.
Desbordada de restos de ayer,
la bolsa: botellas de vino
a medio tomar,
descaro lujurioso, comida
a medio comer,
despilfarro lujurioso.
Pobre miseria de
inmundicia y serpiente,
recipiente de roedores,
confabulación a la mentira,
la basura, putrefacta
bien podrida, será levantada
y desechada su salida.
¡Limpieza!
Lo que necesita ese
rincón del mundo que
se ha vuelto inmundo...
¡Limpieza!
La luz del sol nace, alumbra
la acera que anoche fue
sucia y hedionda, sobre
el gris vencedor, ayer dormido.
Hernán J. Moreyra