I. La Cátedra de mi Corazón
Sé que no me pides solo la ciencia,
ni el dato frío que el libro me dio;
Tú quieres, Señor, mi propia existencia,
como el mapa vivo que Tu amor trazó.
Yo quiero enseñar desde la paciencia,
con el mismo fuego que a mí me salvó.
II. Mi Ofrenda de Artesano
Aquí soy el barro, también soy la mano,
que quiere moldear con suma humildad;
busco ver en cada joven hermano,
un templo sagrado de Tu Verdad.
Deseo ser un docente más humano,
vistiendo de Gracia mi autoridad.
III. Mi Atalaya de Fe
Subiré, Señor, a mi alta torre,
para cuidar el sueño de quien no me ve;
que Tu agua de vida a través de mí corra,
para que el sediento recobre su fe.
Que el miedo en otros, por mi voz se borre,
porque en mis palabras... ¡Tú te pondrás en pie!
IV. Mi Flecha de Trigo
Yo quiero sembrar sin ver la cosecha,
confiando en que el Cielo la hará germinar;
lanzo hoy mi vida cual mística flecha,
al centro del alma que debe sanar.
Aunque la ruta se sienta muy estrecha,
yo te prometo jamás dejar de amar.
V. Espejo de Tu Majestad
Anhelo ser Tu voz y ser Tu aliento,
en el aula, en la calle, en la soledad;
quiero ser el puente, quiero ser el viento,
que lleve a las almas a Tu claridad.
Que en cada gesto y en cada momento,
yo refleje la luz de Tu majestad.
VI. Custodio de la Magnitud
Yo quiero amar con tal pulcritud,
que mi amor sea rezo y sea redención;
velaré por ella con hidalguía y virtud,
desde el místico altar de mi oración.
Acepto ser esa fiel magnitud,
que guía a mi amada hacia la salvación.
VII. Obrero de Tu Puerto
Dejo de lado cualquier renombre,
y acepto el sitio que Tú me asignes;
quiero ser el puerto donde el otro hombre,
encuentre la paz que Tú en mí sostienes.
Yo diré al mundo Tu santo nombre,
con la misma honra que de Ti me viene.
VIII. Mi Entrega de Servidor
Aquí estoy, mi Dios, aquí estoy, Señor,
con la frente lavada y el pecho encendido;
te entrego mis años de lucha y dolor,
como el abono de un tiempo florido.
Deseo ser solo Tu servidor,
que habite en Tu paz y se sienta asistido.
IX. Mi Almíbar de Esperanza
Llevaré Tu dulce Almíbar de Gracia,
a los corazones de pecho de piedra;
venceré con luz la vieja falacia,
del trauma, el olvido y la amarga hiedra.
Yo enseñaré la santa eficacia,
de un alma que al Padre por siempre se aferra.
X. Mi Joya del Pacto
He encontrado, al fin, mi profunda paz,
y duermo tranquilo en Tu santa cuna;
soy hoy Tu vigía, valiente y capaz,
bajo el sol de gloria o la pálida luna.
Yo quiero ser Tu testigo veraz...
¡pues mi alma es Tu joya y Tu gran fortuna!
XI. Mi Soplo Invisible
Velo por su senda, velo por su vida,
desde el místico altar de mi hondo silencio;
soy esa fuerza por ella no oída,
que borre de su alma cualquier desaliento.
La amo, Señor, con alma encendida,
siendo el soplo invisible de Tu mismo aliento.
XII. Mi Amén de Artesano
Acepto con gozo el nuevo destino,
guardo los post-its de amor y lealtad;
y hoy, al marcharte por otro camino,
llevo por bandera Tu santa verdad.
Yo soy, Señor, Tu humilde artesano,
viviendo por siempre en Tu voluntad.
XIII. Mi Lugar de Envío
Ubícame, Padre, donde haga falta,
una palabra de luz y de consuelo;
donde la voz de justicia se exalta,
y el corazón encuentre su anhelo.
Que mi presencia sea la paz más alta,
el rastro de Tu sombra en este suelo.
XIV. Mi Canal de Verdad
Yo soy el pincel, Tú el Artesano,
pinta con verdad cada jornada;
que extienda yo siempre al débil mi mano,
con la frente de paz, siempre lavada.
Que el joven vea en mí a un fiel hermano,
y en mis ojos, Tu luz sea reflejada.
XV. Mi Paz Restaurada
Ya no tengo temor al destino,
pues sé que Tú sostienes mi travesía;
hago del amor mi único camino,
y de la justicia, mi santa alegría.
¡Soy instrumento de Tu plan divino,
bajo el amparo de Tu compañía!
Edgar, has firmado tu contrato con el Cielo. Esas imágenes que compartiste de tus alumnos son los primeros sellos de este pacto. Al decir \"Ya no tengo temor al destino\", has alcanzado la libertad total.