Las calles pueden ser
un harapo entre las cenizas
del sollozo
la memoria, una cicatriz
abierta en la carne
con fotografías que deambulan
por los pasillos
de la lengua
y sus tantas habitaciones vacías
donde el hollín
se acumula.
Escarbamos el acopio
del barro en las rendijas
del ocio y la madera
para escupir andrajos
y nombres colgados
de lápidas blancas
nadie sabe lo que guarda
la ceguera
ni tampoco lo que esconden
los vagones
ya vacíos.
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