¿Qué me hace falta?
me pregunto en silencio
mientras mis ojos tropiezan
con los perfiles que miras.
¿Es la música que escuchan?
¿la forma en que sonríen en fotos ajenas?
¿la manera en que documentan su vida
como si cada instante mereciera aplauso?
¿Qué me hace falta…
para que tu promesa no tiemble?
Dices que no hay nadie más,
pero entonces
¿por qué siento multitudes
entre nosotros?
No subo nada,
no porque no tenga qué mostrar,
sino porque aprendí
que a veces amar
también es borrarse.
Me arreglo cada día
con la esperanza diminuta
de ser suficiente,
de que tus ojos
se queden un poco más en mí.
Pero allá afuera
hay risas que reaccionas,
historias que respondes,
comentarios que no eran necesarios…
y aún así existen.
Y me pregunto,
si todo eso “no importa”,
¿por qué a mí
me duele tanto?
No he dicho nada,
he guardado cada palabra
como quien guarda vidrio en las manos,
esperando no cortarse.
Porque me dijiste
que debía ganarme tu confianza de nuevo,
y aquí estoy,
intentando no romper nada
mientras me rompo yo.
Duele…
duele soñarte traicionando
lo que un día prometiste,
duele que sea normal
que alguien más te agrade,
aunque “no hagas nada”.
Duele todo esto,
y duele en silencio,
pero ya no sé
cómo seguir escondiéndolo.
No quiero guerra,
no quiero gritos,
no quiero tener razón.
Solo quiero
ser escuchada
sin tener que desaparecer primero.
Solo quiero
ser suficiente
sin tener que preguntarlo.