José Luis Barrientos León

Geografía de mi Ausencia (Variaciones de la ausencia acto segundo)

 

Si algún día, por un error de la memoria o del afecto, deciden buscarme,

no lo hagan en los registros ni en los rostros que saludaron mi paso.

Búsquenme, más bien, en la inutilidad del origen,

allí donde nace el viento, en ese vacío antes de que el aire se convierta en dirección.

Mi alma tiene la misma consistencia que ese soplo,

una fuerza que no se ve y que solo existe cuando agita lo que no es ella.

 

Búsquenme en la orilla del mar, pero no en la arena sólida,

sino en la espuma, esa arquitectura del desastre que se deshace apenas se forma,

y en la sal, que es el rastro seco de una amargura que el océano no pudo contener.

Soy ese residuo blanco sobre la roca,

un resto de naufragio que nunca llegó a zarpar.

 

Miren las nubes sobre las montañas,

esas altas indiferencias que viajan sin destino porque no tienen voluntad.

Allí, en la altura donde el aire se vuelve abstracto, habita mi pensamiento.

Y si oyen un canto de libertad, no se confundan,

es solo el eco de mi soledad reconociéndose en el vacío,

un sonido que no busca ser escuchado, sino simplemente suceder.

 

Búsquenme en la extensa pradera,

en esa monotonía verde que se extiende hasta donde la vista se cansa de ser ojo.

Y finalmente, encuéntrenme en la vida rural,

en la paz mínima de las cosas que no saben que existen.

Allí, entre el olor a tierra y la indiferencia del paisaje,

podré por fin dejar de ser el que finge ser yo.

Seré apenas un fragmento de la tarde,

una sombra que se alarga sobre el campo,

un sueño que alguien tuvo y que el crepúsculo,

piadosamente, ha decidido olvidar.