Subí empinado monte para verte
soportando las piedras del camino
y al tocar de tu piel el vellocino
mis fantasmas volvieron a la muerte.
Me era triste morir sin conocerte
o vivir sin el agua en mi molino,
es por eso que entiendo mi destino
cuando mueves los hilos de la suerte.
Mora en mi corazón una esperanza:
Un pájaro que canta sin ser visto,
y es su trinar mi paz y mi bonanza
ante las situaciones que resisto.
Ya hace tiempo que puse en la balanza
la gloria que da el mundo y la fe en Cristo.
W.M®