Sus ojos negros y un perfume,
acarician a mi alma con una incertidumbre latente,
que de su imagen me expande...
El dialogo es impensable,
aunque se detenga un rato corto a contemplarme,
para mí, un eterno instante...
Acodados al aire,
tu soledad y la mía ya han comenzado su escape,
mujer callada que me sonríes...