Más allá del hombre y su ideal
existe un mundo desleal,
repleto de hombres y mujeres
perdidos en sus desvaivenes
que en su verdadero final,
castigan estas oraciones
y callan tales declamaciones.
Mas ellos nunca podrán condenarme
con del paraíso expulsarme,
porque el paraíso jamás
será algo cercano a veraz,
y si existe ese paraíso falaz
a nigún humano puede albergar.
Nos conformamos con el sencillo cuento de Adán y Eva
para escapar de una realidad que se nos hace fea;
para a esta vida tan absurda no enfrentar;
una realidad a la que no podemos reclamar:
que demasiado vivimos en el desdén
como para estar pidiendo el Edén.