Con la certeza
de haber rozado los límites
del Polo Norte existencial,
tras el sinsentido y viaje a los infiernos terrenales, que se esconden en la noches de fiesta y descontrol.
Y la sensación de ser un pelo
atrapado en una montaña de arena,
al que solo le queda
mirar pasar las nubes hasta el anochecer.
Así anduvo Andrés:
gusano de arena que se adaptó al entorno
para desterrar sus propios demonios,
una y otra vez.
Con la cabeza bien alta, de pie, sin ceder,
firme como el Polo Norte...
en sus más de 1440 noches
de lucha al amanecer.