Dominio propio o secuelas del dolor,
supongo que la vida no es vida sin heridas;
decir que mañana es mío
suena a promesa perdida.
Es grande el murmullo del mundo,
ahoga la voz del que llora en silencio,
como si el dolor ajeno
fuera solo un pensamiento.
A veces me pregunto
si hay que ser como el tigre en su andar,
llevar marcas en el cuerpo
para que te aprendan a respetar.
No me quejo ni me alegro,
solo intento comprender
hasta cuándo el alma herida
tendrá que seguir de pie.
Se vuelve tan tenue el amor,
o tal vez el amor es dolor,
porque uno abre el pecho esperando calor
y a veces solo recibe frío alrededor.
Voy conduciendo y miro la vida pasar,
pensando que el mundo no puede ser tan gris,
que tal vez el secreto de amar
es aprender a vivir dentro de sí.
No me quejo, lo entiendo, lo sé,
pero pesa lo que se siente al caer,
porque cuando el mundo calla de repente
es el corazón quien vuelve a hablar más fuerte.