Anhelo un espacio donde el aire mismo cuente nuestra historia, un refugio donde se pueda respirar la esencia de nuestro encuentro y que cada rincón de la recámara quede impregnado, oliendo perpetuamente a la estela de mis besos recorriendo con lentitud tu piel canela.
Deseo fervientemente que tu cuerpo vibre y despierte bajo el suave pero firme roce de mis dedos, explorando cada relieve y secreto, hasta que tu figura desnuda, bañada por la penumbra, se erija y se convierta en un monumento sagrado sobre el altar de mi cama.
Que la visión de tu cuerpo mojado, brillando bajo la luz tenue, sea el oasis donde mis ansias encuentren descanso y mi sed de ti sea finalmente saciada en medio del desierto de la ausencia.
Finalmente, que el latido rítmico y constante de tu corazón sea la melodía principal, el único canto lleno de vida que se escuche y resuene en cada habitación de mi casa, dándole por fin un alma a estas paredes.