Que nadie ose imponer deberes sobre los cansados hombros de los poetas. El único deber del poeta es darse cuenta de que no hay deber.
¿El de la poesía? Embellecer. Tan frágil es la realidad que la hemos de sostener.
No pongáis más sobre nuestros hombros; cargar el mundo junto la belleza que le añadimos puede ser muy pesado para un mero escribano.