Elias Castellano

MUERTE SÚBITA

 

 

Un día dejé mi corazón muerto

sobre la roca dura.

Solo el amor se acercó a amortajarlo

con un rayo de luna.

El cielo entristecido y apenado

me lo regó de lluvia

con las gotas salobres de un mar muerto,

de un llanto sin pupilas.

 

Funestos alacranes

comieron mis poemas

en banquetes obscenos

de oportunistas fiestas.

¡Oh dioses,

dad a cada cual lo que se merezca!