Jesús misericordioso y amado
dame de tu Espíritu sin medida
que el alma con amor es ascendida
y lleva el mundo real a tu reinado.
Herido fui buscando en el sagrario
el pan, que del espíritu es alimento,
pan de amor amasado en el tormento
del árbol que dio fruto en el calvario.
Por beber de la fuente de la vida
me acerqué al manantial de tu costado
encontrando al Amor enamorado
manando caudaloso por la herida.
He querido vivir de tu alegría
tomando de ese bien inagotable
para sanar el daño interminable
que en mi duelo interior se mantenía.