Carlos Baldelomar

+ DECADENCIA +

Si me hubieras querido,
fuera cosa de niños
pintar lugares soleados,

tomar unos cuantos pinos,
tendernos el pasto, tumbarnos,
e invitar una tarde

a tomarse un café con nosotros.

Pero hoy, defiendo la noche,
porque esa carencia de luz
me simplifica la lucha para imaginarte,
en esas calles donde no caminas
y en esos tantos lóbregos lugares
donde entro y me siento sin suerte.

Ni te cuento que
con dos o tres cervezas de por medio
tu figura adquiere buena voluntad,
y tus ojos brillan casi tan bien
en el rostro de una muchacha cualquiera,
aunque luego, se me complique nombrarte
y acabo más enredado
con las vocales de tu nombre.

Al final, termino ahí acorralado,
como un perro en un rincón

al borde mismo de una súplica
que ya no me atrevo a maldecir.

Aceptando la peor derrota:
no entender,
por qué diantres te sigo queriendo,
y por qué, contra toda lógica,
te sigo buscando
en un pueblo
           donde nunca has vivido.