Entre la geometría de tus silencios
y la lógica quebrada de mis dudas,
te pienso como quien estudia un axioma:
cada gesto tuyo, un teorema que resuelve
la ecuación infinita de mi soledad.
Tus palabras son matrices de sentido,
y yo, explorador torpe, intento
invertirlas, multiplicarlas,
hallar en ellas la raíz exacta
que me lleve al núcleo de tu ser.
Amarte es un acto de rigor:
medir el tiempo en tus pupilas,
trazar líneas sobre el azar de tu voz,
descifrar, con paciencia infinita,
los códigos que te vuelven esencial.
Y si el mundo se dispersa en caos,
yo sostengo tu forma como un axioma,
porque en tu inteligencia y en tu misterio
descubro la prueba irrefutable
de que existe la eternidad compartida.
Daniel Omar Cignacco © 2026