Nací dentro de un cuerpo
hecho de carne, tiempo y desgaste,
con huesos que crujen verdades
y sangre que no negocia con lo eterno.
Mis manos no alcanzan el cielo,
aunque mis ideas lo toquen,
y mis pasos se cansan
aunque mi voluntad no se rinda.
Soy finito,
aunque mi mente imagine infinitos;
soy débil,
aunque mi espíritu grite invencible.
Hay fronteras en mis células,
un reloj latiendo en cada latido,
una cuenta regresiva invisible
que no pide permiso para avanzar.
Y sin embargo…
en este límite encuentro forma,
en esta fragilidad, sentido,
en este final inevitable… propósito.
Porque no es lo eterno lo que define,
sino lo que arde antes de apagarse;
no es la duración lo que importa,
sino la intensidad de haber vivido.
Soy biología… sí,
pero también soy elección,
y dentro de mis límites
decido hasta dónde llegar.