Cuando la curiosidad del niño que llevas dentro
te hace comprender que nunca es suficiente,
ya no hay vuelta atrás.
Desde esa inquietud,
has llegado a ser quien ahora eres,
y ese presente que habita en ti,
es solo un punto de partida
de todo lo que aún te queda por alcanzar.
Y aunque, en el fondo, sin la promesa de ningún cielo,
desde cada partícula y átomo,
en el único paraíso conocido del universo,
eres parte consciente de la eternidad.
Por todo lo que aún te queda por descubrir,
desde cada célula y cada aliento:
Nunca es suficiente.
Es eterno ya.