I
En el trazo quebrado de la forma
nace un mundo que aprende a desarmar,
lo visible se vuelve una reforma
de lo que el ojo cree observar.
Picasso rompe el orden heredado,
lo fragmenta sin temor ni error,
y en cada plano reinventado
late un nuevo modo del color.
II
No copia el mundo: lo interroga,
lo gira, lo vuelve a construir,
como si en cada línea dialogara
con lo que aún no sabe existir.
El rostro deja de ser uno,
la figura pierde su unidad,
y en esa ruptura se hace profundo
el misterio de la realidad.
III
Azul fue su primer latido,
melancolía hecha pincel,
donde el dolor se vuelve sentido
y el alma se desnuda en él.
Sombras largas, miradas vacías,
la vida en tono de soledad,
y en cada figura se escribía
una herida sin disfraz.
IV
Luego el rosa trajo otra calma,
una ternura leve y humana,
como si el arte curara el alma
con la luz de una nueva mañana.
Circos, cuerpos, equilibrios,
la vida en tránsito y creación,
una pausa entre los abismos
donde respiraba el corazón.
V
Y llegó la ruptura del cubismo,
la forma hecha multiplicidad,
el objeto pierde su mismo
y se abre en otra verdad.
No hay un punto, no hay una vista,
todo se ofrece a la vez,
como si el mundo se hiciera artista
y se mostrara sin revés.
VI
Geometría del pensamiento,
fragmentos de una percepción,
cada plano es un momento
que rompe la ilusión.
El tiempo se vuelve visible,
la forma deja de ser fiel,
y en lo múltiple, indivisible,
se encuentra lo esencial en él.
VII
Picasso no temía al cambio,
ni al juicio, ni a lo que dirán,
su arte fue siempre un hallazgo
que no se deja encerrar.
No hay estilo que lo contenga,
ni etapa que lo limite,
porque su genio siempre reinventa
lo que el arte permite.
VIII
Guernica grita en blanco y negro
lo que la guerra quiso ocultar,
dolor, caos, fuego y quiebre
que no se puede callar.
No es solo un cuadro, es un testigo
de lo que el hombre puede hacer,
un espejo crudo y antiguo
que obliga al mundo a ver.
IX
Su trazo es gesto, es energía,
es impulso que quiere hablar,
no busca calma ni armonía
si no es para luego quebrar.
Porque en el arte de Picasso
no hay reposo ni final,
hay un constante traspaso
de lo visible a lo esencial.
X
Creó como quien respira
sin detenerse a pensar,
como si el arte fuera vida
y no algo que separar.
En cada obra hay una urgencia
de decir lo que aún no es,
y en esa constante presencia
el tiempo pierde su revés.
XI
Picasso no fue solo un nombre,
fue una forma de comprender,
que el arte no imita al hombre
sino lo vuelve a rehacer.
Que la realidad no es fija
ni se deja atrapar,
y que en la mirada que arriesga
todo vuelve a empezar.
XII
Así su obra permanece
como un eco sin final,
un lenguaje que estremece
lo que creemos real.
Porque en su trazo vive aún
la fuerza de transformar,
y en cada ruptura hay un común
que nos vuelve a cuestionar.