Había temido este momento…
escribir y terminar llorando entre líneas, en silencio.
Creer que puedo dibujar tu silueta con oraciones,
pero no puedo ocultar que, de a poco, se me va olvidando.
Había temido llegar a esto,
a desempañar los ojos
y descubrir que ya no alcanzo a verte con claridad.
—Si te cuento que de noche me pongo tu perfume en las mangas
para abrazarme y fingir que son tus brazos…
¿vendrías?
Si te cuento que sigo aterrada,
que quiero gritar, patear, putearte,
pero nada de eso te devuelve…
Si te digo que los días pasan,
pero no como imaginé,
que al principio dolía menos
y ahora ya no puedo fingir que no…
—¿qué pasa si te digo que soñarte me aterra?
porque es la única forma en la que volvés…
y también la forma más clara de perderte otra vez.