Oh, mujeres seres
que vuelve a los hombres, románticos empedernidos
He quedado completamente cautivado,
y aunque son el objeto de mi sufrir,
cuento las horas
para volverlas a ver;
busco la forma de descifrar,
en cada una de sus formas,
lo maravilloso de su ser.
Aparecen en mis sueños
como destellos, pasajes que anhelo
y se desvanecen, dejando un vacío
en mi corazón a la deriva.
Y a veces pienso, al despertar,
que ese hermoso sueño es la realidad, de la que nunca quise desaparecer
Entonces me pregunto por qué las mujeres
son tan hermosas e infinitas como las estrellas:
Que me enseñan tantas maneras de amar
y me hacen sentir pequeño,
desmerecedor de tanta bondad.
Intento descifrarlas
para comprenderlas, pero abandono la idea,
dejando atrás la esperanza de lograrlo,
pues en su perfección, tan divinamente inalcanzable,
habita un misterio que desborda a cualquier hombre.
A ellas
a las que nunca les he podido reprocha nada,
porque como yo podría, vivir sin las horas más bonitas, que me han concedido aquellas damas.
Me siento indigno
de reducirlas a una sola palabra,
porque ellas son inmensidad,
mucho más de lo que mi existencia
alcanzará a comprender.