Hay días que no están en el calendario,
que nadie más celebra, pero para nosotros son eternos.
Son esos que empiezan con un mensaje nocturno,
y terminan entre risas, suspiros y silencios compartidos.
Nuestro día no tiene fecha ni horario,
puede ser un martes cualquiera,
la madrugada de un jueves,
o la tarde en que el insomnio nos encontró despiertos.
Es acompañarte por caminos lejanos,
Es hablar de tristezas y alegrías,
y saber que, mientras hablemos,
ningún dolor será tan grande,
ni ninguna felicidad tan pequeña.
Nuestro día es ese instante robado al tiempo,
donde estar es suficiente,
donde la presencia basta,
donde el cansancio se olvida
y solo queda la magia de estar juntos.
Quizás el mundo no lo recuerde,
ni lo marque con tinta en ningún almanaque,
pero yo celebro nuestro día
cada vez que el insomnio me visita
y tu recuerdo me acompaña.