Una flor que nunca se marchita
es aquella sin amar,
pues está sola y triste frente al mar,
pensando en él sin jugar.
Le importa más su amistad,
no lo piensa más,
pues arrepentida está
de sus actitudes,
no lo puede tolerar.
¿Mías o de él? Da igual,
yo lo amo hasta el infinito y más allá.
Te extraño cada noche sin pensar,
¿me perdonas? Yo quiero preguntar,
pero simplemente te da igual.
En tus miradas tiernas me quiero quedar
y en este año nos volvemos a encontrar.