PROEMIO
LA NUEVA COLONIZACIÓN
Consumado el milagro de la terraformación, siete naves rasgaron el cielo de la Tierra. A bordo, setecientos latidos: la ciencia y el oficio, el vientre gestante y la infancia, el trazo del pintor y la métrica del poeta.
Transterrados en el umbral del misterio, con la mirada extendida hacia el abismo, llevaban el peso de un mundo azul en maletas de herrumbre, listos para sellar su destino en la vastedad de un pasaporte rojo. Fue entonces cuando el destello de una vida violentamente apasionada se filtró por cada poro de los trajes con las viseras inflamadas de un ardor absoluto, ardiente como vástagos del Sol.
***
LA SED DEL PRISMA
Congeladas.
Sepultadas
sobre
un indiferente
prisma rojo
permanecen
las aguas marcianas:
fosilizadas
elucidantes
espectrales.
Se yerguen
distantes: granas
columnas torcidas.
Lúgubres páramos carmín
donde un abandono escarlata
oficia el entierro de féretros
en hirvientes cenotes purpúreos
bajo un bermejo halo perenne
late
cambiante
un salmón disfrazado.